Una mañana igual. Una baño igual. Una afeitada igual. Vestirse igual. La sonrisa igual. El día igual. Y que falta? O que sobra? Mismos rostros, mismas miradas. El tedio que absorbe y la angustia que corroe, que desangra y absorbe toda la poca gracia de vivir.
El camino se hace difuso, las sombras engrandecen el pasado. Todo lo que es, no es. Cuanto falta para poder seguir? Cuanto es necesario para levantarse un día y saber que ya no duele? Y acaso es bueno que ya no duela? Condenado a sentir, desearía no sentir nada.
Y los recuerdos que atormentan. Pero realmente atormentan? O solo son retazos de conciencia erguidos en jueces? Y los errores? Siempre tienen dos caras. Porque creer que solo yo me equivoque? Porque creerme tan importante? Pero son todas mentiras. Nos engañamos creyendo que podríamos haber tomado decisiones distintas, cuando sabemos que somos lo que somos, somos figuras difusas, tristes recortes de realidades extraviadas jugando a vivir.
Recuerdo que lloré. Pero en realidad no creo haberlo hecho. Si hubiera llorado ahora no tendría este dolor, sino un tenue reflejo de una vieja pasión vacía. Desearía saber a que dios habré ofendido para merecer este castigo. Claro, porque siempre es dios, los otros, el destino. Infamias, mentiras. Engaños a nuestro corazón. Soy el absoluto responsable de todo.
Ella me mira y no comprende. Quien es ella? Es la conocí? O acaso es todas? Acaso vale decirse que es bueno haberlo intentado. Pura basura.
Ella me dijo que me agradecía todo. Bueno, gracias a vos. Me hace sentir tan bien saber que me das las gracias. Soy una persona agradecida, sobre todo cuando me tratan bien. Cuando compro algo y me atendieron correctamente doy las gracias. Tan normal y convencional. Tan burguesmente correcto.
-Gracias,
-No, de nada…
Leed entre líneas.
Me mira como si no me conociera. Me mira como si nunca hubiera existido la promesa inconclusa de lo que no va a ser. Y no me habla. Y cambia de tema.
Soy el responsable? Si. Claro.
En realidad debería relajarme. En realidad debería no importarme. Y a veces creo que lo logro. Y cuando esto mas seguro de ello, me encuentro viéndola embelesado. Y seria capaz de perdonar todo el dolor que me hace sentir con su juego. Con su juego.. adora jugar conmigo.
Pero después de todo, me lo merezco. Y no tengo lágrimas.
Gracias otra vez.
Hasta la próxima vez que tengas ganas de jugar.
jueves, 21 de febrero de 2008
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